En el transcurso de nuestras vidas, al menos en algún momento, hemos vivido situaciones difíciles y dolorosas, tales como duelos, accidentes, enfermedades, abusos físicos o emocionales, tanto personales como de algún ser querido. Estas difíciles experiencias nos hacen obligatoriamente trabajar en nosotros y mirar hacia dentro.

El ser humano necesita recuperarse de estas fuertes experiencias para lograr seguir adelante con su vida. Sin embargo, a pesar de lograr salir adelante, es innegable que estas situaciones nos quiebran emocionalmente y sacan a relucir nuestra vulnerabilidad. Es importante entender que estos momentos de crisis nos vienen a enseñar un sinfín de cosas.

La forma individual de responder y accionar frente a estas situaciones es personal y variable, y va a depender de las características personales de cada persona. La habilidad que tienen algunas personas para reponerse frente a los traumas se denomina resiliencia. La resiliencia es una capacidad que todos poseemos, y como capacidad podemos desarrollarla.

¿Cuáles son algunos elementos que nos ayudan a adquirir resiliencia?

  • Relaciones afectivas seguras: uno de los aspectos en los que podemos apoyarnos en los momentos de crisis y dolor son en las relaciones afectivas cercanas, tanto familiares como en el ámbito de amistad o de pareja. Estos lazos pasan a ser muchas veces nuestra conexión con la tierra, nuestro “cable a tierra”, ya que nos brindan desde el amor, el apoyo y la cercanía que necesitamos en esos momentos de desconsuelo.
  • Planes realistas/Llevarlos a cabo: Seguir con la vida; es decir, seguir en funcionamiento con nuestros quehaceres. Si bien en momentos de duelos podemos legalmente tomarnos un par de días, posteriormente debemos volver a nuestra rutina, y para esto, plantearnos metas realistas. Si vemos que estamos con un grado menor de concentración, menor de energía, plantearnos objetivos acordes a nuestras capacidades del momento, con el fin de cumplir con lo que nos proponemos. Esto nos asegurará quedar en paz con nosotros mismos y con nuestro entorno, ya sea, laboral o personal.
  • Poseer una positiva autoimagen: en los momentos de crisis, es cuando más debemos sacar a relucir nuestras herramientas y fortalezas. En algún momento de calma y claridad, podemos analizar cuáles son nuestras herramientas y decidir darnos una nueva oportunidad frente a la vida, observar el futuro con optimismo y enfocarnos en volver a ser felices. Reforzar nuestra autoestima en momentos difíciles será un dulce para el alma.
  • La regulación emocional: existen situaciones que nos sacan de nuestras casillas y nos pueden desbordar emocionalmente. Es trabajo de cada uno, regularlas y darles cabida, ya que si las ignoramos, las emociones se estancan en el cuerpo y luego somatizamos en alguna enfermedad. Debemos llegar a ser capaces de regular emociones fuertes, por nuestra salud. Darnos el espacio para expresar la pena, la rabia, la angustia, si es necesario.
    Es importante mencionar, para quienes tienen fe en algo superior, que TODO ocurre por alguna razón y que los malos tiempos no vienen para quedarse, sino solo para enseñarnos o mostrarnos algo. Ser resiliente es sacar a la luz todas nuestras fortalezas interiores. No se necesita comprobar desde la ciencia, que la espiritualidad le da sentido la existencia y que por lo mismo ayuda a desarrollar una personalidad resiliente. No le tengamos miedo al dolor, atravesémoslo y démosle un sentido.

Imanole Diez 

Psicología Holística

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